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La Rueda del Año

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La vida de una bruja a lo largo de un año está llena de fechas para recordar: Lunas llenas, Lunas oscuras, Lunas crecientes y menguantes; fechas propicias para hechizos, festividades antiguas… y los ocho grandes festivales que conforman lo que nosotras llamamos La Rueda del Año. Ocho ocasiones en las que las brujas celebramos el ritmo interno de este planeta en el que vivimos y su danza en su viaje por el universo. El calendario de una bruja está lleno de fiestas, porque a diferencia de otros cultos y creencias, las brujas pensamos que la vida está creada para disfrutarla y celebrar cada momento de ella. Lo celebramos todo y no hace falta insistirnos mucho para remangarnos las faldas, sacudirnos los zapatos y salir a bailar en círculo liberando cabelleras y risas.

Y parte de esa alegría y celebración se basa en el hecho de saber que el viaje que hacemos a través del tiempo durante un año, lo realizamos también a través de las enseñanzas de la naturaleza y a través de nosotras mismas. Es un viaje en el que ponemos toda nuestra atención en los cambios que se producen a nuestro alrededor para comprender los que se producen en nuestro interior. Y aunque cada año se repiten los mismos ciclos, cada viaje lo realiza una bruja distinta. Todo lo que aprendemos de nosotras mismas y del mundo durante una Rueda, nos cambia y convierte en personas diferentes en la siguiente. Siempre cambiantes, siempre únicas, viajamos de estación en estación, de año a año, bailando, aprendiendo, reencontrando y conociéndonos una vez más en cada giro de la Rueda. Una Rueda compuesta por ocho radios que se repiten una y otra vez, en un viaje cíclico y eterno.

En Primavera el mundo nos enseña a recordar los principios. A echar la vista atrás y ver dónde está la niña que fuimos, encontrarla en nuestro presente y sanar las heridas que puedan haberla marcado y que aún le duelen a la adulta que somos. Es tiempo de aprender que nunca es tarde, que siempre hay nuevos brotes, nuevos comienzos y que robarle al día unos momentos para jugar es invertir en nuestra felicidad presente y futura. La Tierra nos muestra cómo de su profunda oscuridad brotan las más bellas flores, cómo la vida despierta buscando los cálidos rayos del Sol que hace poco regresó. En el Equinoccio de Primavera celebramos con flores, con huevos decorados recordando el huevo de la vida, celebramos a la Diosa Doncella que juega entre los árboles y las flores con sus ninfas niñas. Celebramos el retorno de la vida y el equilibrio de la luz y la oscuridad.

A medio camino entre el Equinoccio de primavera y el Solsticio de Verano, celebramos Beltane. El Primero de Mayo. El momento en que la Tierra está fecunda, preparada para recibir la simiente de los frutos del verano. Los campos están listos para sembrar el cereal y la sangre nos baila en las venas calentando cuerpos y almas. Es el matrimonio de nuestra Diosa Amante con su consorte, el Dios Astado, el Señor de la Fertilidad y de todo lo que es salvaje y libre. Celebramos el don de la sexualidad y sus frutos.  Es tiempo de reconciliarnos con lo que somos y agradecernos ser, de hacer las paces con nuestra imagen y nuestro cuerpo y darle todo el amor y el cariño que se merece. Celebramos el amor en todas sus formas y manifestaciones. Celebramos el orgasmo creador de universos y mundos. En Beltane encendemos hogueras y bailamos, y hacemos el amor encarnando en nosotras a la Diosa, celebramos la sensualidad de nuestros cuerpos amándonos y amando a otros. Celebramos el acto que da origen a la vida.

En el Solsticio de Verano nuestra Señora, ya una mujer joven adulta, disfruta del pleno amor del Dios en su máximo poder. Ella está embarazada y Él comienza a perder energías mientras se transforma en el grano que yace esperando a brotar. A partir de mañana los días serán cada vez más cortos, recordándonos que incluso en la plenitud de la vida, todo está condenado a marchitarse y morir para renacer de nuevo. Hoy quemamos en una gran pira todo aquello que nos impide llegar hasta nuestro futuro, hasta nuestro destino, todo aquello que cargamos a nuestras espaldas y que no nos deja convertirnos en quien debemos ser. Nuestra mejor versión. Es tiempo de buscar a la mujer que eres, qué te gusta, cuáles son tus sueños, cual es la vida que quieres vivir y qué vas a hacer para conseguirla. En esta noche de verano y fuego celebramos la vida que crece esperando a nacer.

Entre el Solsticio de Verano y el Equinoccio de Otoño, los campos están cubiertos de oro, los árboles frutales están pesados y cargados de sus jugosos frutos que nos llenan de agua durante los cálidos y dorados días estivales. Llega Lammas, el primero de agosto. La fiesta de la cosecha. Nuestra Diosa embarazada es ya una mujer en toda su plenitud, redondeada y con un prominente vientre en el que se gesta el futuro del mundo. Es tiempo de recoger lo que hemos sembrado y aceptar que hemos sido las madres de la vida que nos hemos creado. También es momento para explorar nuestra creatividad. Las mujeres no sólo parimos hijos, también parimos ideas, creaciones, arte, libros, caricias. Toda bruja es una madre que se pare a sí misma cada año, junto con nuevos sueños, nuevos hechizos, nuevas ansias de conocimiento. Nueva magia que añadir a la antigua. Toda bruja es madre de su poder. Esta noche celebramos el poder de crear vida.

Y en el Equinoccio de Otoño celebramos la última cosecha. Los últimos granos de vid que fermentarán para convertirse en el vino sagrado. Celebramos el sacrificio del Dios que está muriendo para alimentar a los hijos de la Tierra. Celebramos la belleza y la sabiduría de la madurez de nuestra Señora, que ahora en un último esfuerzo nos muestra sus más intensos colores y su última explosión de vida. Es tiempo de aprender a aceptar la madurez que también nos llegará a nosotras, y encontrar la belleza que se esconde en los últimos días de la juventud. Es momento de aprender que, ésta vez, el equilibrio entre la luz y la oscuridad se decantará por ésta última y que eso también es bueno. El otoño es la estación de la brujas, tal vez porque reconocemos ese Sacrificio de la Madre en nosotras, las brujas sacrificamos nuestra juventud muy pronto porque todo lo que traemos con nosotras de otras vidas nos hace llegar a un otoño del alma  a una edad temprana. La mayor parte de nuestra existencia es un largo día dorado de otoño en el que los velos de nuestros ojos y los velos que separan los mundos, caen sin cesar como hojas al viento a lo largo de los años hasta que ya nada nos ciega. En esta noche celebramos la sabiduría de aceptar que la vida pasa y el tiempo nos cambia.

Y tras el Equinoccio, a medio viaje hasta el Solsticio de Invierno, las puertas que separan los mundos se abren para permitir el regreso de aquellos que se fueron y acompañar a nuestro Señor, muerto ya, para reinar en el otro mundo. Llega Samhain, cuando la tierra ya apenas da fruto y todo parece marchitarse y morir. Es tiempo de enfrentarnos con la certidumbre de que nosotras también moriremos así como muchas cosas de nuestra vida que creíamos eternas también murieron y se perdieron en el tiempo. Es el momento de aprender a dejar ir todo aquello que no podemos seguir llevando con nosotras. De enfrentarnos a nosotras mismas y reconocer que ya no podemos ni queremos seguir cargando con cadáveres que ya no tienen lugar en el mundo de los vivos. Tenemos que aprender a regalarnos la capacidad de saber decir adiós. Esta noche nos levantaremos frente al portal que separa los mundos y honraremos la existencia de nuestros antepasados, porque gracias a que ellos vivieron hoy nosotras podemos existir. Celebraremos la belleza de la oscuridad, el misterio de lo desconocido y el recuerdo de nuestros muertos. Esta noche celebramos que la muerte es sólo una parada más en el viaje de la vida.

Y en el Solsticio de Invierno celebramos el retorno del Sol. La vuelta de la Luz al mundo. La Tierra está sumida en el silencio, en el frío manto de la nieve, en la desnudez  y el sueño. Congelada y durmiente, la Tierra sueña con la primavera guardando en sus profundidades oscuras la promesa de la primavera. En esta noche, la más larga del año, el Sol retorna para recordarnos que la quietud no dura eternamente. Que ahora su calor apenas acaricia la superficie de su amada, pero la Diosa acaba de dar a luz al Niño Divino que cada día se hará más fuerte hasta que vuelva a despertar a lo que está dormido. Es tiempo ahora de imitar a nuestra Señora y volvernos hacia dentro. Las brujas descansamos en invierno, bajamos el ritmo y nos concentramos en nuestro interior, porque es allí donde se encuentra todo lo que hemos ido aprendiendo durante el año. Es ahora cuando por fin nos centramos en ello y comprendemos. Iniciamos un viaje hacia nuestro corazón que durará hasta la primavera. No es tiempo de tomar decisiones, no es tiempo de emprender. Es sólo tiempo de soñar, de observar, de conocernos y valorar la sabiduría que llevamos dentro y que sólo se puede alcanzar tras haber pasado las etapas anteriores. Nuestra Diosa, ahora anciana, nos muestra el gran valor de la edad y la experiencia. Nos enseña a amar y honrar a nuestros mayores, y a toda una vida de aprendizaje. Esta noche celebramos que en la más profunda oscuridad es dónde se nutre la vida.

Y entre el Solsticio de Invierno y el próximo renacer de la primavera nos encontramos en Imbolc. La fiesta de la leche. La Diosa aún duerme pero su sueño es más ligero. Un leve calor comienza a filtrarse hasta las profundidades oscuras y calienta las semillas que se agitan. Las nieves poco a poco se derriten. Alguna flor valiente se atreve a abrir sus pétalos buscando la belleza del día. Los corderos nacen y pronto los lobos se aparearán. Los arroyos de la montaña comienzan a correr abriéndose paso entre la blandura blanca. La vida aún no ha vuelto, es tan solo un proyecto, pero su certeza se huele en el aire. Todo es puro, el silencio del invierno se rompe con los primeros sonidos de pisadas y cantos en el bosque. Todo es una gran promesa de novedades y cambios. Es tiempo de emerger de nosotras mismas y proyectar nuestro futuro, de crear nuevos caminos en la vida, de organizar nuevos inicios para nosotras. De acumular energías para la explosión de vida que se acerca. En Imbolc encendemos velas para celebrar el retorno del calor y la luz que traerán la vida de vuelta, bebemos leche para recordar que los corderos que nacen nos aseguran una nueva primavera. Esta noche celebramos que tras la quietud y el sueño de la muerte, la vida siempre regresa una y otra vez.

Esta es nuestra Rueda del Año, en la que aprendemos, estudiamos al mundo y a nosotras mismas y celebramos, siempre celebramos, la vida.

En ella encontramos la sabiduría que convierte todos los años de la vida de una bruja en algo que merece ser vivido, amado, celebrado y sobre todo, en algo embrujado.

Bienvenidas al misterio de la Rueda del Año.

Hyedra de Trivia

FUENTE: https://hyedra.wordpress.com/

BEFANA. La alternativa femenina a los Magos de Oriente

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Befana (o Babushka en Rusia) es la bruja invernal de los obsequios y una de las tres antiguas diosas del Destino. También es la viajera incansable que arribará esta noche a nuestros hogares para entregar un regalo que celebra la inocencia, los comienzos y la esperanza. Ella es una abuela sabia que representa la abundancia, la longevidad y la dulzura.

Como encarnación de la Diosa Anciana, Befanaenlaza el legado de lo antiguo y la promesa de lo que recién ha nacido o nacerá. Y aunque sus recursos son escasos como los de la tierra cubierta por la nieve en invierno, ella es generosa y nunca olvida traernos pequeños dones que nos sustentarán hasta la primavera: Naranjas para atraer la bendición del Sol. Frutos secos para celebrar las lunas de invierno. Dulces para premiar la bondad. Carbón para encender un fuego amable y sobrevivir al frío. Así, los obsequios de esta gentil dama son símbolo de la continuidad de la vida, de las sorpresas y los sueños por cumplir, de la buena energía para el porvenir.

Y esta noche, la víspera de la Epifanía, los que creemos en ella la esperamos impacientes. Colocamos nuestra calceta o nuestro zapato anhelando que nos bendiga porque, aunque hemos crecido, en el fondo, aún somos niños soñadores que necesitan de vez en cuando una golosina para ser felices.

Fuente: Facebook de Anrrat Olson

La Magia del Muérdago

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Con la llegada de Diciembre y el soslticio de invierno, nos sumergimos en el tiempo de Yule, celebracion de origen celtico, que celebra el renacimiento de la luz. Yule es una celebracion que nos muestra el continuo ciclar de la vida, conectandonos con la esperanza, la fertilidad, la abundancia, la magia y el amor.
Hoy quiero compartiros la primera de una serie de entradas en la que os presentare algunas de las plantas magicas que toman fuerza durante este tiempo:
El muerdago. Un bien para todo mal.
El muerdago (Viscum album), es un arbolillo semiparasito de hojas verdes y bayas blancas, que se extiende por todo el territorio euroasiatico.
Esta planta sagrada para los antiguos druidas, esta asociada fuertemente con la fertilidad por sus bayas blancas, fuerte simbolo de masculinidad por relacionarse con el semen o la semilla de vida. Se ha utilizado desde siempre como medicina antiveneno y tambien como portadora de buena suerte, de proteccion, de salud, de amor e incluso de la magica propiedad de invisibilidad.
Actualmente, su aplicacion terapautica mas comun es como hipotensiva y cardiotonica, provoca la dilatacion de los capilares, ayuda a la circulacion de la sangre y actua contra la arterioesclerosis. Otras investigaciones, le adjudican efectos antitumorales. Tambien es una planta relajante, buena contra los espasmos y la epilepsia, y estimuladora del sistema inmune.
Y es que esta planta tiene una larga historia, rodeada de magia y misterio… dice la historia que esta planta fue traida por los dioses a la Tierra para servir de amuleto y panacea. Si la observamos, esta planta se encuentra enraizada al tronco de un arbol (habitualmente pinos, robles y manzanos. Como seguramente ya sabeis, el roble es uno de los arboles sagrados para los celtas, y si sobre el existe muerdago, lo es aun mas) y aunque si puede fabricar su propia clorofila, necesita de otros arboles para obtener sus nutrientes. Esto es algo muy curioso, ya que se convierte en una planta que no pertenece ni al aire, ni a la tierra. Algunos creen que por ello, tiene una variedad tan amplia de usos magicos. Su recolecta, iniciaba con un ritual sagrado de permiso a la Tierra y a la planta. La cortaban con una hoz de oro, preparada para la ocasion y la recolectaban con mucho cuidado de que no cayese o tocase el suelo.
Se cree que sus bayas de color perla contienen la esencia de la luna, y si la dejas secar durante un año, sus hojas verdes, se convierten en doradas, pero sus bayas, continuan blancas como perlas. Ahi adquiere su importancia en la alquimia, por poseer virtudes para el alma (amor eterno), el espiritu (proteccion) y la materia (atrae el oro).
La magia del muerdago es la de proteger ante todo tipo de circunstancias, y de esta creencia, surge la costumbre de colgar ramitas cerca de la puerta o regalarlas a otras personas, aumentando su poder de proteccion. Con sus bayas (que son venenosas) se confeccionaban saquitos de amor y tambien para conciliar el sueño y evitar las pesadillas. Otra antigua supersticion era la de colgar una ramita de muerdago en la cuna de los bebes para evitar que las hadas lo cambiasen y las mujeres lo llevaban encima para quedar embarazadas. Y como remedio para liberar las energias estancadas del hogar, se quemaban sus hojas y ramitas, haciendo pasar el humo por toda la casa, desde el interior hacia el exterior, y recitando el siguiente conjuro: “Muerdago sagrado bendice mi hogar, expulsa todo mal para nunca regresar”.

Y no podemos olvidar, la mas conocida de todas sus propiedades magicas… esa que dice que si te besas bajo el muerdago, el amor sera eterno…

Y tu… ¿Conoces alguna otra propiedad magica que se le atribuya al muerdago? ¿Alguna otra creencia, leyenda o supersticion en la que se hable de esta planta magica? Si te animas a compartir, agradezco tus comentarios! Juntas… crecemos!!!

Erica Falcon
Fuente: http://mujeresdelquintomundo.blogspot.com.es/

Tercera semana de Adviento. Poema-Oración

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Podemos dar las gracias a nuestras mascotas por su amor y compañía, y por regalarnos tantos buenos momentos. También mostrar nuestros respetos a los pájaros del parque, a las lombrices del huerto, a las arañas del techo. Podemos salir a pasear por el bosque para identificar huellas y cánticos, o entrar dentro nuestro para saludar al animal totémico que todos poseemos.

La desvinculación entre animales y humanos no es buena para nadie. Así que, ¿qué tal si aprovechamos estos días para apreciar la milagrosa diversidad de seres que la evolución ha ido creando con el paso del tiempo?

El Reino Animal

Con esta tercera luz del Adviento
damos las gracias a los animales.
Sean grandes o pequeños,
nuestras almas se enriquecen viéndolos.

Agradecemos su amistad
y capacidad de asombro.
Jugar con ellos es un regalo
del universo.

Agrademos sus profundos conocimientos
y las enseñanzas que nos ofrecen.
Sobre cómo cuidar y amar.
Sobre cómo compartir la tierra y sus recursos.

Poema de la tradición Waldorf. Se lee al anochecer mientras se enciende la tercera vela del centro de Adviento.

Fuente: Blog Lola Mayenco

Segunda semana de Adviento. Poema-Oración

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Después de haber admirado la fuerza del reino mineral, ahora tocaría entrar en el corazón del mundo vegetal.

El Reino Vegetal

Con esta segunda luz del Adviento
damos las gracias a las plantas.
A las flores y los árboles,
a las verduras y la hierba.

Agradecemos el abrigo
y la fuerza que nos proporcionan.
Su alimento y oxígeno
son nuestro sustento.

Agradecemos su belleza,
que adorna la tierra.
La fuerza de sus raíces
inspira nuestra firmeza.

Poema de la tradición Waldorf. Se lee al anochecer mientras se enciende la segunda vela del centro de Adviento.

Fuente: Blog Lola Mayenco

 

 

Primera semana de Adviento-Poema/Oración

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Este poema de la tradición Waldorf es perfecto para reflexionar con los niños sobre la importancia de asentar unos buenos cimientos.

El Reino Mineral

Con esta primera luz del Adviento
damos las gracias a las piedras.
A las conchas y la arena,
a los cristales y los huesos.

Agradecemos la fuerza
y el apoyo que nos prestan.
Nos mantienen estables
en nuestros cimientos.

Agradecemos que su belleza
y luz interior
iluminen nuestras vidas
en los más oscuros momentos.

Poema de la tradición Waldorf. Se lee al anochecer mientras se enciende la primera vela del centro de Adviento

Fuente: Blog Lola Mayenco