Archivo de la categoría: Antigua Tradición

La carga de la Diosa

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Artista: Belinda Paton

Belinda Paton

“Yo soy la belleza de la verde tierra.

Y la luna blanca entre las estrellas.

Y los misterios del agua.

Llamo a tu alma para que se levante y venga a mí, pues soy el alma de la naturaleza que da vida al universo.


Todas las cosas de mi proceden y a mi deben retornar.


Considerando que todos los actos de amor y placer son mis rituales, permitan mi veneración en el corazón que se regocija.


Permitan que haya en vosotros belleza y fuerza, poder y compasión, amor y humildad, gozo y reverencia.


Tú que anhelas conocerme debes saber que tu búsqueda no será provechosa a menos que conozcas el misterio:


Si lo que buscas no lo encuentras en ti nunca lo hallarás fuera…


Yo he estado contigo desde el comienzo.


Yo soy el logro final de tus deseos.”

La Carga de la Diosa, apatación de Starhawk en su libro “La Danza en Espiral”

Fuente: Mujer cíclica

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Oración de la Madre Tierra

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Madre Tierra que estás en los Suelos
Dignificado sea tu nombre
Venga a nosotros tu medicina y hágase la luz y la verdad
así en tu tierra como en nuestro cuerpo
Danos el Alimento de cada día,
enséñanos a no contaminar y bendice a quienes con Amor te cultivan
No nos dejes caer en la ambición y ayúdanos a liberarnos de la Ignorancia.
Amén

Holly Sierra

Fuente: Circulos de Diosas (Facebook)

La Rueda del Año

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La vida de una bruja a lo largo de un año está llena de fechas para recordar: Lunas llenas, Lunas oscuras, Lunas crecientes y menguantes; fechas propicias para hechizos, festividades antiguas… y los ocho grandes festivales que conforman lo que nosotras llamamos La Rueda del Año. Ocho ocasiones en las que las brujas celebramos el ritmo interno de este planeta en el que vivimos y su danza en su viaje por el universo. El calendario de una bruja está lleno de fiestas, porque a diferencia de otros cultos y creencias, las brujas pensamos que la vida está creada para disfrutarla y celebrar cada momento de ella. Lo celebramos todo y no hace falta insistirnos mucho para remangarnos las faldas, sacudirnos los zapatos y salir a bailar en círculo liberando cabelleras y risas.

Y parte de esa alegría y celebración se basa en el hecho de saber que el viaje que hacemos a través del tiempo durante un año, lo realizamos también a través de las enseñanzas de la naturaleza y a través de nosotras mismas. Es un viaje en el que ponemos toda nuestra atención en los cambios que se producen a nuestro alrededor para comprender los que se producen en nuestro interior. Y aunque cada año se repiten los mismos ciclos, cada viaje lo realiza una bruja distinta. Todo lo que aprendemos de nosotras mismas y del mundo durante una Rueda, nos cambia y convierte en personas diferentes en la siguiente. Siempre cambiantes, siempre únicas, viajamos de estación en estación, de año a año, bailando, aprendiendo, reencontrando y conociéndonos una vez más en cada giro de la Rueda. Una Rueda compuesta por ocho radios que se repiten una y otra vez, en un viaje cíclico y eterno.

En Primavera el mundo nos enseña a recordar los principios. A echar la vista atrás y ver dónde está la niña que fuimos, encontrarla en nuestro presente y sanar las heridas que puedan haberla marcado y que aún le duelen a la adulta que somos. Es tiempo de aprender que nunca es tarde, que siempre hay nuevos brotes, nuevos comienzos y que robarle al día unos momentos para jugar es invertir en nuestra felicidad presente y futura. La Tierra nos muestra cómo de su profunda oscuridad brotan las más bellas flores, cómo la vida despierta buscando los cálidos rayos del Sol que hace poco regresó. En el Equinoccio de Primavera celebramos con flores, con huevos decorados recordando el huevo de la vida, celebramos a la Diosa Doncella que juega entre los árboles y las flores con sus ninfas niñas. Celebramos el retorno de la vida y el equilibrio de la luz y la oscuridad.

A medio camino entre el Equinoccio de primavera y el Solsticio de Verano, celebramos Beltane. El Primero de Mayo. El momento en que la Tierra está fecunda, preparada para recibir la simiente de los frutos del verano. Los campos están listos para sembrar el cereal y la sangre nos baila en las venas calentando cuerpos y almas. Es el matrimonio de nuestra Diosa Amante con su consorte, el Dios Astado, el Señor de la Fertilidad y de todo lo que es salvaje y libre. Celebramos el don de la sexualidad y sus frutos.  Es tiempo de reconciliarnos con lo que somos y agradecernos ser, de hacer las paces con nuestra imagen y nuestro cuerpo y darle todo el amor y el cariño que se merece. Celebramos el amor en todas sus formas y manifestaciones. Celebramos el orgasmo creador de universos y mundos. En Beltane encendemos hogueras y bailamos, y hacemos el amor encarnando en nosotras a la Diosa, celebramos la sensualidad de nuestros cuerpos amándonos y amando a otros. Celebramos el acto que da origen a la vida.

En el Solsticio de Verano nuestra Señora, ya una mujer joven adulta, disfruta del pleno amor del Dios en su máximo poder. Ella está embarazada y Él comienza a perder energías mientras se transforma en el grano que yace esperando a brotar. A partir de mañana los días serán cada vez más cortos, recordándonos que incluso en la plenitud de la vida, todo está condenado a marchitarse y morir para renacer de nuevo. Hoy quemamos en una gran pira todo aquello que nos impide llegar hasta nuestro futuro, hasta nuestro destino, todo aquello que cargamos a nuestras espaldas y que no nos deja convertirnos en quien debemos ser. Nuestra mejor versión. Es tiempo de buscar a la mujer que eres, qué te gusta, cuáles son tus sueños, cual es la vida que quieres vivir y qué vas a hacer para conseguirla. En esta noche de verano y fuego celebramos la vida que crece esperando a nacer.

Entre el Solsticio de Verano y el Equinoccio de Otoño, los campos están cubiertos de oro, los árboles frutales están pesados y cargados de sus jugosos frutos que nos llenan de agua durante los cálidos y dorados días estivales. Llega Lammas, el primero de agosto. La fiesta de la cosecha. Nuestra Diosa embarazada es ya una mujer en toda su plenitud, redondeada y con un prominente vientre en el que se gesta el futuro del mundo. Es tiempo de recoger lo que hemos sembrado y aceptar que hemos sido las madres de la vida que nos hemos creado. También es momento para explorar nuestra creatividad. Las mujeres no sólo parimos hijos, también parimos ideas, creaciones, arte, libros, caricias. Toda bruja es una madre que se pare a sí misma cada año, junto con nuevos sueños, nuevos hechizos, nuevas ansias de conocimiento. Nueva magia que añadir a la antigua. Toda bruja es madre de su poder. Esta noche celebramos el poder de crear vida.

Y en el Equinoccio de Otoño celebramos la última cosecha. Los últimos granos de vid que fermentarán para convertirse en el vino sagrado. Celebramos el sacrificio del Dios que está muriendo para alimentar a los hijos de la Tierra. Celebramos la belleza y la sabiduría de la madurez de nuestra Señora, que ahora en un último esfuerzo nos muestra sus más intensos colores y su última explosión de vida. Es tiempo de aprender a aceptar la madurez que también nos llegará a nosotras, y encontrar la belleza que se esconde en los últimos días de la juventud. Es momento de aprender que, ésta vez, el equilibrio entre la luz y la oscuridad se decantará por ésta última y que eso también es bueno. El otoño es la estación de la brujas, tal vez porque reconocemos ese Sacrificio de la Madre en nosotras, las brujas sacrificamos nuestra juventud muy pronto porque todo lo que traemos con nosotras de otras vidas nos hace llegar a un otoño del alma  a una edad temprana. La mayor parte de nuestra existencia es un largo día dorado de otoño en el que los velos de nuestros ojos y los velos que separan los mundos, caen sin cesar como hojas al viento a lo largo de los años hasta que ya nada nos ciega. En esta noche celebramos la sabiduría de aceptar que la vida pasa y el tiempo nos cambia.

Y tras el Equinoccio, a medio viaje hasta el Solsticio de Invierno, las puertas que separan los mundos se abren para permitir el regreso de aquellos que se fueron y acompañar a nuestro Señor, muerto ya, para reinar en el otro mundo. Llega Samhain, cuando la tierra ya apenas da fruto y todo parece marchitarse y morir. Es tiempo de enfrentarnos con la certidumbre de que nosotras también moriremos así como muchas cosas de nuestra vida que creíamos eternas también murieron y se perdieron en el tiempo. Es el momento de aprender a dejar ir todo aquello que no podemos seguir llevando con nosotras. De enfrentarnos a nosotras mismas y reconocer que ya no podemos ni queremos seguir cargando con cadáveres que ya no tienen lugar en el mundo de los vivos. Tenemos que aprender a regalarnos la capacidad de saber decir adiós. Esta noche nos levantaremos frente al portal que separa los mundos y honraremos la existencia de nuestros antepasados, porque gracias a que ellos vivieron hoy nosotras podemos existir. Celebraremos la belleza de la oscuridad, el misterio de lo desconocido y el recuerdo de nuestros muertos. Esta noche celebramos que la muerte es sólo una parada más en el viaje de la vida.

Y en el Solsticio de Invierno celebramos el retorno del Sol. La vuelta de la Luz al mundo. La Tierra está sumida en el silencio, en el frío manto de la nieve, en la desnudez  y el sueño. Congelada y durmiente, la Tierra sueña con la primavera guardando en sus profundidades oscuras la promesa de la primavera. En esta noche, la más larga del año, el Sol retorna para recordarnos que la quietud no dura eternamente. Que ahora su calor apenas acaricia la superficie de su amada, pero la Diosa acaba de dar a luz al Niño Divino que cada día se hará más fuerte hasta que vuelva a despertar a lo que está dormido. Es tiempo ahora de imitar a nuestra Señora y volvernos hacia dentro. Las brujas descansamos en invierno, bajamos el ritmo y nos concentramos en nuestro interior, porque es allí donde se encuentra todo lo que hemos ido aprendiendo durante el año. Es ahora cuando por fin nos centramos en ello y comprendemos. Iniciamos un viaje hacia nuestro corazón que durará hasta la primavera. No es tiempo de tomar decisiones, no es tiempo de emprender. Es sólo tiempo de soñar, de observar, de conocernos y valorar la sabiduría que llevamos dentro y que sólo se puede alcanzar tras haber pasado las etapas anteriores. Nuestra Diosa, ahora anciana, nos muestra el gran valor de la edad y la experiencia. Nos enseña a amar y honrar a nuestros mayores, y a toda una vida de aprendizaje. Esta noche celebramos que en la más profunda oscuridad es dónde se nutre la vida.

Y entre el Solsticio de Invierno y el próximo renacer de la primavera nos encontramos en Imbolc. La fiesta de la leche. La Diosa aún duerme pero su sueño es más ligero. Un leve calor comienza a filtrarse hasta las profundidades oscuras y calienta las semillas que se agitan. Las nieves poco a poco se derriten. Alguna flor valiente se atreve a abrir sus pétalos buscando la belleza del día. Los corderos nacen y pronto los lobos se aparearán. Los arroyos de la montaña comienzan a correr abriéndose paso entre la blandura blanca. La vida aún no ha vuelto, es tan solo un proyecto, pero su certeza se huele en el aire. Todo es puro, el silencio del invierno se rompe con los primeros sonidos de pisadas y cantos en el bosque. Todo es una gran promesa de novedades y cambios. Es tiempo de emerger de nosotras mismas y proyectar nuestro futuro, de crear nuevos caminos en la vida, de organizar nuevos inicios para nosotras. De acumular energías para la explosión de vida que se acerca. En Imbolc encendemos velas para celebrar el retorno del calor y la luz que traerán la vida de vuelta, bebemos leche para recordar que los corderos que nacen nos aseguran una nueva primavera. Esta noche celebramos que tras la quietud y el sueño de la muerte, la vida siempre regresa una y otra vez.

Esta es nuestra Rueda del Año, en la que aprendemos, estudiamos al mundo y a nosotras mismas y celebramos, siempre celebramos, la vida.

En ella encontramos la sabiduría que convierte todos los años de la vida de una bruja en algo que merece ser vivido, amado, celebrado y sobre todo, en algo embrujado.

Bienvenidas al misterio de la Rueda del Año.

Hyedra de Trivia

FUENTE: https://hyedra.wordpress.com/

La Magia del Muérdago

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Con la llegada de Diciembre y el soslticio de invierno, nos sumergimos en el tiempo de Yule, celebracion de origen celtico, que celebra el renacimiento de la luz. Yule es una celebracion que nos muestra el continuo ciclar de la vida, conectandonos con la esperanza, la fertilidad, la abundancia, la magia y el amor.
Hoy quiero compartiros la primera de una serie de entradas en la que os presentare algunas de las plantas magicas que toman fuerza durante este tiempo:
El muerdago. Un bien para todo mal.
El muerdago (Viscum album), es un arbolillo semiparasito de hojas verdes y bayas blancas, que se extiende por todo el territorio euroasiatico.
Esta planta sagrada para los antiguos druidas, esta asociada fuertemente con la fertilidad por sus bayas blancas, fuerte simbolo de masculinidad por relacionarse con el semen o la semilla de vida. Se ha utilizado desde siempre como medicina antiveneno y tambien como portadora de buena suerte, de proteccion, de salud, de amor e incluso de la magica propiedad de invisibilidad.
Actualmente, su aplicacion terapautica mas comun es como hipotensiva y cardiotonica, provoca la dilatacion de los capilares, ayuda a la circulacion de la sangre y actua contra la arterioesclerosis. Otras investigaciones, le adjudican efectos antitumorales. Tambien es una planta relajante, buena contra los espasmos y la epilepsia, y estimuladora del sistema inmune.
Y es que esta planta tiene una larga historia, rodeada de magia y misterio… dice la historia que esta planta fue traida por los dioses a la Tierra para servir de amuleto y panacea. Si la observamos, esta planta se encuentra enraizada al tronco de un arbol (habitualmente pinos, robles y manzanos. Como seguramente ya sabeis, el roble es uno de los arboles sagrados para los celtas, y si sobre el existe muerdago, lo es aun mas) y aunque si puede fabricar su propia clorofila, necesita de otros arboles para obtener sus nutrientes. Esto es algo muy curioso, ya que se convierte en una planta que no pertenece ni al aire, ni a la tierra. Algunos creen que por ello, tiene una variedad tan amplia de usos magicos. Su recolecta, iniciaba con un ritual sagrado de permiso a la Tierra y a la planta. La cortaban con una hoz de oro, preparada para la ocasion y la recolectaban con mucho cuidado de que no cayese o tocase el suelo.
Se cree que sus bayas de color perla contienen la esencia de la luna, y si la dejas secar durante un año, sus hojas verdes, se convierten en doradas, pero sus bayas, continuan blancas como perlas. Ahi adquiere su importancia en la alquimia, por poseer virtudes para el alma (amor eterno), el espiritu (proteccion) y la materia (atrae el oro).
La magia del muerdago es la de proteger ante todo tipo de circunstancias, y de esta creencia, surge la costumbre de colgar ramitas cerca de la puerta o regalarlas a otras personas, aumentando su poder de proteccion. Con sus bayas (que son venenosas) se confeccionaban saquitos de amor y tambien para conciliar el sueño y evitar las pesadillas. Otra antigua supersticion era la de colgar una ramita de muerdago en la cuna de los bebes para evitar que las hadas lo cambiasen y las mujeres lo llevaban encima para quedar embarazadas. Y como remedio para liberar las energias estancadas del hogar, se quemaban sus hojas y ramitas, haciendo pasar el humo por toda la casa, desde el interior hacia el exterior, y recitando el siguiente conjuro: “Muerdago sagrado bendice mi hogar, expulsa todo mal para nunca regresar”.

Y no podemos olvidar, la mas conocida de todas sus propiedades magicas… esa que dice que si te besas bajo el muerdago, el amor sera eterno…

Y tu… ¿Conoces alguna otra propiedad magica que se le atribuya al muerdago? ¿Alguna otra creencia, leyenda o supersticion en la que se hable de esta planta magica? Si te animas a compartir, agradezco tus comentarios! Juntas… crecemos!!!

Erica Falcon
Fuente: http://mujeresdelquintomundo.blogspot.com.es/

“Soy Mujer Cíclica”

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Emma Samson

“Todas estamos cambiando constantemente. Es un proceso evolutivo. Sólo aquello a lo que nos aferramos permanece igual.

Y, sin embargo, creo tener una expectativa sobre mí misma de ser siempre constante. Una parte de mí desea una personalidad estable que identifico, preferentemente, con una personalidad agradable, simpática y “valiosa”…. Alguien en quien se pueda confiar… Y a medida que me hago mayor, aprendo que la única cosa en la que se puede confiar es el cambio.

Me han regalado una guía muy obvia sobre mi naturaleza cíclica – mi ciclo menstrual. Empezar a relacionarme con mi ciclo mensual ha sido una experiencia reveladora. Durante muchos años, y con la ayuda y orientación de otras hermanas he tomado conciencia de las diversas energías que me atraviesan durante las diferentes fases del ciclo- que a veces coincide con un ciclo lunar completo y a veces no. Esto me está llevando a una mayor aceptación de mi variabilidad, y también a aprovechar estas energías de manera constructiva, en vez de destructiva.

Esta pintura es una expresión de esto. Se trata de una pintura muy personal con la que me sentí profundamente incómoda durante todo el proceso de pintarla. No imaginé que alguna vez la mostraría al mundo, pero gracias a los amables ánimos y apoyo de algunas amigas la expuse en febrero pasado en la primera y (hasta ahora) única exposición que he hecho.

No es agradable ni bella. De hecho, a muchas personas no les gusta. Esta pintura es una reivindicación de lo que he estado negando durante la mayor parte de mi vida, y paulatinamente voy recordando… Que soy una mujer en constante cambio, polifacética, cíclica.”

Emma Sampson, 04 de octubre 2015
Texto original en ingles

Traducción: Sophia Style y Carlota Franco

Fuente: http://mujerciclica.com/2015/11/19/soy-una-mujer-ciclica/

La Magia de las Brujas

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Imagen: Sashah’s Spell de Emma Lazauski

Las velas iluminan levemente el claro del bosque. El incienso impregna tanto el aire como mi mente con un aroma especiado y el humo asciende transportando mi petición a la Diosa. Un pequeño fuego arde en el caldero y la luna llena asoma por el horizonte. El altar está preparado. Es la hora de la magia.

La magia. Todas hablamos de ella. La vivimos, la creamos, la sentimos. Estamos hechas de magia y basamos nuestra identidad como brujas sobre ella. Para algunas personas es un misterio, para otras algo complicado, una gran mayoría ni siquiera cree que exista. Pero para nosotras es lo que da vida al mundo y, además, sabemos que todas las personas somos mágicas.

Las partículas que forman cada elemento en este universo se mantienen unidas por una fuerza que emite una vibración. En nuestro planeta cada árbol, planta, animal, persona, piedra… todo, hasta la misma Tierra, vibra y esa vibración genera energía.  Pero no todo vibra igual. Hay distintas frecuencias y, aunque no siempre seamos conscientes de ello, somos muy sensibles a los cambios de frecuencia.

A todos nos ha pasado que, al conocer a alguien, sentimos que conectamos de inmediato. O por el contrario, hay personas con las que nunca encajamos y aunque no hay nada en ellas que nos haga rechazarlas, lo cierto es que no estamos cómodos a su lado. Esto se debe a que vibramos en la misma frecuencia que ellas o en otra completamente opuesta.  Porque como ya habréis escuchado en muchos sitios, todo lo que vibra igual se atrae y lo contrario se repele. Y además, cada sentimiento, cada emoción, cada ámbito de la vida y lo que nos rodea, tiene su propia vibración. El amor, la salud, la prosperidad, el hogar, la familia, la amistad, la suerte, la felicidad… el odio, la envidia, la desesperanza, el miedo, el terror… cada uno vibra en una frecuencia determinada.

La magia consiste en cambiar voluntariamente nuestra propia vibración para que esté en la misma frecuencia de aquello que queramos atraer. Y para ello, usamos nuestra voluntad y otros elementos naturales que ya vibran así para ayudarnos. Mediante el trance y la visualización “engañamos” a nuestra mente haciéndole creer que ya tiene aquello que desea, y potenciamos la sensación con palabras, melodías, hierbas, piedras, colores y olores que vibran como lo que deseamos.  Por eso hay hierbas, minerales, inciensos y velas específicas para el amor, la suerte, la sanación, la limpieza espiritual… palabras que forman hechizos…lo que se ha llamado desde siempre magia simpática.

Todos cambiamos nuestra vibración a menudo sin ser conscientes de ello. Sabemos que determinada canción nos alegra cuando tenemos un mal día, decimos que nos da energía… Sabemos qué película nos provoca una carcajada cuando estamos decaídos o con qué amigo hablar según nuestro estado de ánimo… También sabemos que determinados momentos del día o del año nos hacen sentir de una manera especial. El amanecer nos hace sentir esperanza, porque hace que todo vibre en la frecuencia de las cosas nuevas, de todo lo que empieza. El atardecer nos vuelve reflexivos y nostálgicos, porque vibra en la frecuencia de lo que acaba de forma tranquila y el descanso.  Nos vestimos de un color u otro según nuestro humor y preferimos lugares según nuestras emociones. Todo ello altera nuestra vibración.

Si nos ocurren cosas malas y nos dejamos llevar por el miedo y la desesperanza, acabaremos atrayendo más sucesos que vibren igual. Y es entonces cuando hablaremos de mala suerte, o mal de ojo. Los casos de mal de ojo son muchísimo menos numerosos de lo que la gente piensa y las rachas de mala suerte casi siempre son casos de vibraciones en frecuencias perjudiciales, y que además se convierten en círculos viciosos porque cada vez nos sentimos peor y eso hace más difícil conseguir cambiar la vibración.

Pero hay ocasiones en los que la magia no funciona. Por muchos hechizos que hagamos para conseguir lo que necesitamos, por mucho que  tratemos de influir en la vibración, hay veces en las que no hay manera de que funcione. Eso no quiere decir que lo estemos haciendo mal o que la magia no exista. Es simplemente que no debemos conseguirlo. Cada una de nosotras ha nacido con una misión vital, una lección que hemos venido a aprender. Si lo que queremos atraer con la magia va en contra de esa lección o nos aleja de nuestra misión, simplemente no sucederá. Esa vibración en concreto estará bloqueada para nosotras.  Imaginad que habéis venido a esta vida para aprender el valor de lo sencillo y de las cosas pequeñas. Por muchos hechizos de abundancia y prosperidad que hagáis jamás funcionarán, nunca seréis ricas porque la vibración de la riqueza está bloqueada para vosotras. Al menos en esta vida.

Y esto nos lleva a la regla de oro de las brujas. Nunca, jamás, por nada del mundo se debe hacer magia para influir en la voluntad o cambiar la vibración de otra persona. Nunca. Es su energía, forma parte de esa persona tanto como su cuerpo. Tratar de influir en ella para imponer nuestros deseos es una violación. Ni siquiera para hacer algo en su beneficio. Ni para hacer rituales de sanación. Si nos preocupamos por alguien y queremos beneficiarle con nuestra magia, lo primero que haremos será pedir permiso. Sin su permiso no hay nada que hacer. Y esto incluye al amor. Si tienes que obligar a alguien a que te quiera, eso ya no es amor. Es dominación, tozudez, egoísmo… y así serán las vibraciones que provoques, por lo que nunca encontrarás amor de verdad y lo que obtengas no merecerá la pena porque no te hará feliz. Ni a ti, ni a la persona que dices amar.

La magia es un regalo. Una más de las habilidades naturales del ser humano y que nos conecta con todo lo que nos rodea. La magia nos ayuda a comprender que formamos parte de un todo eterno, infinito, que compone una melodía que nos envuelve a todos y nos hace bailar al ritmo de la vida. Cómo sea tu tonada, cómo vibre tu canción, depende de cómo decidas vivir.

En mi hechizo, cierro los ojos y respiro profundamente mientras mi identidad eterna recuerda quién es y se centra en su lugar en el mundo, entre el cielo y la tierra. Entre lo que es arriba y abajo. Entre este mundo y el otro, donde ocurren los milagros.  Cuando me siento una con la creación, dibujo el círculo a mi alrededor y llamo a los cuatro elementos para que su energía complemente a la mía en esta noche de magia y sueños.  Y en el centro, evoco en mi interior a la Señora de la Vida y la Muerte, a la Gran Diosa de la brujas para recordar que su poder es el mío y fluye por mi piel hasta la punta de mis dedos.

Las imágenes de mi futuro en el que he conseguido mi objetivo no abandonan mi mente mientras cargo con ese poder los objetos que voy a usar. “Visto” las velas de colores con aceite acariciándolas con mis dedos mientras me veo feliz. Encanto las hierbas que necesito con rimas sobre su poder. Despierto el poder de las piedras cobijándolas en mis manos mientras les susurro bajito lo que necesito de ellas. Concentro todo el objetivo de este hechizo en una sola palabra que primero es sólo un murmullo. Me mezco suavemente mientras la palabra se convierte en una especie de cántico y caigo en un pequeño trance. Me dibujo a mí misma en un papel tal como seré en ese futuro con el hechizo cumplido, lo cubro con pellizcos de las hierbas encantadas y lo doblo. El cántico aumenta de ritmo y de volumen. Prendo el papel en la llama de las velas encendidas y arrojo el dibujo al fuego transformador acompañado de más puñados de hierbas. Mientras arde, comienzo una danza alrededor del caldero y la luna llena cada vez asciende más alto, bañándome con su luz de plata al tiempo que mi voz se convierte en un grito y mi danza alcanza su punto más frenético. Y finalmente, con un último giro y un grito final, la energía me abandona para fundirse con el universo y comenzar a trabajar en ese futuro imaginado que acabo de crear. Agotada, descanso en el suelo mientras mi corazón recupera su ritmo y mi respiración se acompasa con el ritmo de la tierra. Lento y profundo.

La magia está hecha.

Acerca tus manos, frótalas y siente el cosquilleo en tus palmas y tus dedos. Ese calor que emana de ellas, esa energía, es tu magia. Es la vibración que las partículas que te conforman emiten en su trabajo de mantenerse unidas. Practica con ella, conócela, trata de cambiar la frecuencia en la que brota al exterior. Y comienza a hacerlo con el hechizo más sencillo pero que es capaz de cambiar el mundo.

Simplemente sonríe, bruja.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Fuente: https://hyedra.wordpress.com/2015/11/20/magia-de-bruja/

21 de octubre. Día de las Vírgenes

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Es tradición que durante la víspera del 21 de octubre y el mismo día, se celebre la virginidad de las niñas y jóvenes. Serenatas, buñuelos y flores no faltan nunca en esta celebración. Exaltación de la pureza y la “integridad” tan valorada en nuestra sociedad, marcada por el patriarcado en el que venimos viviendo.

Si bien es cierto que soy de mantener tradiciones, me gusta buscarles un sentido más abierto, no tan ligado a las tradiciones de la Iglesia o de la sociedad patriarcal.

VERSIÓN CRISTIANA

Cuenta la leyenda, muy extendida durante la Edad Media, que una joven de Britania llamada Úrsula (su santo se celebra el día 21 de octubre), cuyo nombre viene del latín y significa “pequeña osa”, se convirtió al cristianismo prometiendo guardar su virginidad. Tras haber sido pretendida por Ereo un príncipe bretón decidió peregrinar a Roma para que el Papa Siricio bendijese y consagrase sus votos de virginidad perpetua.

La virginidad en los primeros siglos del cristianismo, más que un tema puramente de tipo sexual, entroncaba con un deseo de parecerse a la Virgen María que era considerada como un modelo de perfección a seguir y por lo tanto de alcanzar los cielos.

Ya de vuelta de su peregrinación,  fue apresada en Colonia, por el ejército de Atila, rey de los Unos, el cual se enamoró perdidamente de ella. Al negarse la doncella a entregarse a los apetitos sexuales de Atila, ella y diez vírgenes más fueron martirizadas hasta la muerte. Sus nombres: Úrsula, Marta, Saula, Brítula, Gregoria, Saturnina, Sencía, Pinnosa, Rabacia, Saturia y Paladia

Nunca se la canonizó oficialmente pero sí surgió un importante y arraigado culto a Santa Úrsula.

El martirio de Santa Úrsula y las once mil vírgenes (Rubens)

VERSIÓN PAGANA

Las diosas vírgenes representan independencia y la autosuficiencia de las mujeres. Los apegos emocionales no les desviaban de lo que era importante. No eran victimizadas y no sufrían.

Como arquetipos expresan la necesidad de autonomía en las mujeres y la capacidad de centrar su conciencia en lo que tiene sentido personalmente para ellas.

Artemisa y Atenea representan la actitud de ir directamente a los objetivos y el pensamiento lógico, son los arquetipos orientados a los logros. Hestia es el arquetipo en el que la atención está enfocada hacia adentro, hacia el centro espiritual de la mujer. Estas tres diosas son aquetipos femeninos que persiguen sus metas de una manera activa con competencia y autosuficiencia.

Una mujer que es virgen, completa en sí misma, hace lo que hace no por algún deseo de agradar, de gustar, de ser aprobada, de obtener poder sobre otra persona, para captar su interés o su amor, sino porque lo que hace es verdad. Hay una parte de su psique que no pertenece a nadie.
triple diosa virgen

Sinceramente, prefiero enfocar la tradición siguiendo la vertiente pagana, que describe a las vírgenes como mujeres completas, que hacen lo que hacen por ellas mismas y no para agradar o servir a otros.

Cada cual que elija 😉

Feliz día!!!