Y ese día llegó…

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Creo que hace mucho que no escribo un post tan personal pero necesito sacarlo para pasar página y seguir mi camino.

Y ese día llegó…

Aquella tarde mi alma se quebró, rompí a llorar como un niño al que le arrebatan su juguete nuevo, como aquella persona que por fin se quita la venda de los ojos y ve lo dura que es la realidad. Ese día ya no pude más y rompí a llorar desconsoladamente. Ninguno de los allí presentes pudo hacerme dejar de llorar. La pena, las lágrimas brotaban de lo más profundo de mi alma. Por nada en concreto y por todo en general. Hasta las piernas me fallaban, no eran capaces de sostenerme de pie.

A veces tengo la sensación de que por mucho que intento hacer las cosas bien, no es suficiente. Intento educar a mis hijos de la mejor forma posible, con amor, con respeto, con explicaciones, con abrazos, con besos, con caricias, con responsabilidades, con libertades. Y cuando en vez de devolverme eso mismo que he estado dando, me devuelven una bofetada (figurada, claro), ya no sé qué hacer. ¿Lo estoy haciendo bien? ¿Me he equivocado con mi elección? ¿En qué he fallado? ¿De verdad estaba preparada para ser madre?

Y entonces, llega a mis oídos, que hasta entonces se negaban a escuchar ni una sola de las palabras que a mi se dirigía, la frase que hace que el cielo se abra como un día de tormenta que al separase las nubes dejan paso al brillante sol. “Es que son niños. Permítiles que sean niños, no son personas en miniatura”. Qué gran verdad.

Entonces me di cuenta de que le estaba exigiendo demasiado. Entendí que a los niños hay que dejarles ser niños, hay que dejarles disfrutar de su yo salvaje, su yo instintivo, con el que nacen, y no con el que moldeamos los adultos para que encajen en nuestra sociedad. Y no sólo eso, los adultos también debemos permitirnos que aflore ese yo salvaje, instintivo, ancestral. Así, seguramente seríamos mucho más felices y libres. Habría más sonrisas en nuestras vidas, más alegrías, más canciones, más dibujos…

No solo decidí ese día permitirle ser ella misma, sino que decidí permitirme a mí misma, disfrutar de ella y de mi, pero de mi, en mi mas pura esencia, mi yo salvaje, mágico, libre. Ser yo sin más.

Gracias mamá por esas sabias palabras. Bendito sea mi linaje femenino

wall11

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